viernes, 5 de agosto de 2011

Completo.

La estabilidad siempre presente en la fugacidad. Ninguna vivencia tiene más valor por durar en el tiempo. Fluctuamos de un espacio a otro en constante cambio y la asimetría en la capacidad de sentir se vuelve cómica cuando asumimos como certeza que la estabilidad emocional barra sentimental es posible tal y como nos la enseñan. Cultura y evidencia se atraviesan entre ellas. Nada intangible es tan permanente como las emociones proyectadas hacia cualquier materia. La estabilidad no radica en proyectarlas hacia la misma materia sino en proyectar inagotables toda la vida.

Preguntemos a la fugacidad si no es la novedad del estímulo más excitante que su significado mismo. Nunca estamos exentos de bocetos. Variamos en interpretación siempre obligados a ella. Me pregunto cuál sería nuestra respuesta si las cosas pasaran a través de nosotros, libres de contagio ni impurezas. De no ser posible, la forma más cercana al equilibrio etéreo entre dos cuerpos es la recepción en idéntica lectura a la intención. Si cuando procesamos, la sensibilidad se transforma, al pulir el impacto, el instinto queda tristemente diseñado. Sin embargo, la respuesta no se aleja necesariamente de la bestia.
Un constante vaivén de impresiones se cruzan a diario, se fusionan y dejan de ser nuestras y pasan a ser de nadie. No queda ninguna huella una vez lanzadas al aire.
He ahí otra de las mentiras universales: en lo que a sentir se refiere gozamos de la existencia de los plurales. Nada hay más individual que nuestro estado interior propio; privado y vulnerable, se comparte casi siempre inacabado.
Sobrevaloramos experiencias cuando creemos incumben solo al espíritu. Lo más noble radica en la insistencia del hombre en su dicotomía de lo artificial barra natural. Ese miedo a lo prefabricado nos convierte en únicos. Olvidamos que todo gira en torno a todo y el amor no es ninguna excepción a la regla.

Yo el centro y tú mi periferia, el contexto nos enfrenta. Los residuos de mi elección intervienen sólo en los restos que la trama le deja y desde fuera, pasiva, ejerzo de esclava de mí misma y, sin saberlo, mi entrega es tu toma de conciencia, la conciencia del nosotras, la fuerza antes imperceptible, ahora nos acerca. Preocupados siempre por el estallido, no reparamos casi nunca en el olor que desprende el gatillo. El punto más alto llega cuando no aspiras a subir más. El anhelo de trepar por las pegajosas paredes de la excitación ya no me interesa, ni comprobar si puedo experimentar intensidad más alta que la que tengo, que la que tuve. Conformismo o conformidad. El afán de pertenencia desaparece con la propiedad, el ansia de sentir se entorpece cuando sentimos y lo que para ti es línea recta es para mí un limbo reparador que me protege de la muerte del delirio para caer en él sin salirme del campo magnético.

4 comentarios:

  1. Se aceptan propuestas de título, me gustaría que interviniérais en las ideas que hay ahí. Yo no sé por qué lo veo acompañado de una fotografía aunque sólo también puede estar bien que ya va a haber mucha cosa gráfica.

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  2. Mierda! me vienen más ideas que no he puesto. Retiro lo de completo creo.

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  3. Dios mío.
    Aconsejo se lea en voz alta y sin ningún tipo de disturbio.
    Me ha subido mucho.

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  4. Se nos ha estancado esto.
    Bien, no todo sea seguimiento, un poco de huecos para disfrutar cada una de ellas.

    Ellas a ellas quiere!

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